A AÑOS LUZ...

26 octubre 2011



Uno, dos, tres, cuatro, cinco…esos son los pasos que me separan de tu armonioso cuerpo cincelado a punta de ritmos pausados. Suave y alba es la piel que recubre cada músculo en perfecto estado sobre tu ósea estructura hecha diría yo de acero con incrustes de cuarzo y lapislázuli. Igual que un tesoro, te observo dormitar la cabeza apoyada sobre la mano, semejante a un mullido sostén que convierte tu cabello en flotar de alas y plumas leves que se elevan sobre el cuarto. Y respiras acompasando el mover de cortinas al son del viento; la luna se ha dejado ver; y riega de forma generosa tu silueta, abrillantando la faz de tu espalda, salpicada de luciérnagas que iluminan mi oscuridad con reflejos de neón. Acerco mi cara y olfateo en silencio tu barbilla, cuello, el pecho recios todos ellos; propios de una creación perfecta, y en ella echo mi sien sobre el latir imperecedero de tu corazón que entonando la melodía de aves nocturnas recrean al poco oníricas escenas de verdes valles, aguas cristalinas y bóvedas de azul eléctrico cayendo en cascada sobre mí. Y tú, que aún estando en otros mundos sirves de reposo a mi ser sensible, apareces vagando en aromas de tomillo y sándalo, traspasando mi mundo y el tuyo por agujeros de tiempo infinito. Es extraño, saber tu cuerpo entre mis brazos e intuirte a años luz de aquí.
Carol Munt ©


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