La vida de los peces.

15 octubre 2011



Lo prometido es deuda, así que allá va. La vida de los peces es una película chilena que te deja con un sabor agridulce. Agrio por lo triste del argumento y dulce por la buena calidad del film. Un buen guión, unos diálogos correctos, una banda sonora perfecta y unos actores fantásticos (y yo decía: "A mí este tío me suena". Y claro que me sonaba; es uno de los protagonistas de la serie Héroes). Y sí, este es uno de los milagros que te ofrece la vida cuando estás una tarde de domingo tirada, aburridísima, esperando que el ciberespacio te recompense por soportar dicho tedio. Eso sí, aviso: la película está hecha de silencios que lo dicen todo (como los que a mí me gustan) y si no está hecho tu oído al acento chileno puede costarte unos minutos acostumbrarte a él y poder entenderlo ( no lo digo como una crítica, el acento chileno es precioso, pero a mí me costó un tiempo configurar su código fonético, luego fue todo sobre ruedas). No voy a contar nada del argumento, para eso ya está el Filmafínity; solo diré que a veces en la vida llega un momen en el que no puedes echar marcha atrás. Es lo que denominan "el punto de no retorno". Cuando uno llega a ese punto, todo cuanto se quiera hacer para enmendar un error es imposible, porque la mayoría de las variables involucradas en el asunto escapan a nuestro control.
Os dejo con un pedacito de la película donde el grupo Inverness interpreta la canción Nubes, mientras los protagonistas mantienen un diálogo con las miradas. ¿Para qué las palabras?


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