Me busco...

28 octubre 2011


Me busco en los intrincados surcos de mi mente; oscuros callejones de frondosas paredes se  esfuman serpenteantes entre mi razón. Me pierdo en sus negros e infinitos agujeros que engullen con afilados dientes mi conciencia. Soy un ser moribundo, un zombi que deambula por la ciudad a altas horas de la madrugada uniéndose a los mendigos y a las prostitutas, hablando con borrachos delirantes de alcohol que tropiezan y caen de bruces ante mis ojos. Yo soy como ellos. Errante, oculto, imperceptible, aislado, exiliado e invisible. Un ser incorpóreo. Me alimento de los suculentos desperdicios olvidados por suaves manos sin escrúpulos. Rebusco en las verdes y mugrientas papeleras los tristes pedazos de mi alma un día extraviada, que allá al fondo se observa cubierta de excrementos. Contemplo mi reflejo en los escaparates, observo una esquelética figura mirándome con grandes ojos y pupilas desorientadas que vociferan con angustia: ¡Tú no eres yo! Y se cierne otra vez la oscuridad sobre el mundo. Y me busco, me busco… pero ya no me encuentro. Estoy atrapada en esta grotesca ciudad que maneja a su antojo mis cuatro extremidades; como una marioneta, dejándome llevar, me conduce calle abajo hacia la incertidumbre. Cubriendo mi enjuto cuerpo de una espesa niebla me obliga a retornar a sujeto evanescente  mientras mi boca exhalando débiles susurros recrea en el firmamento una frase afligida que expresa en luces de neón:
                                               “Ya no sé quién soy”.
Carol Munt ©

1 comentario:

  1. Esa espesa niebla te vuelve poderosa, querida Carol. No son los desperdicios los que brillan, los que llevan la voz cantante.

    No saber quién eres es el primer paso para ser quien te dé la gana.

    Beso-te.

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