De regalos que importan y envoltorios que debemos ignorar.

27 noviembre 2011


Esta mañana salí a dar un buen paseo por un parque cercano a mi casa. Estaba abarrotado de gente; de niños, de mayores; jóvenes haciendo deporte; algunos sentados en los bancos, leyendo o contemplando el caer profuso de las aguas en la fuente. Yo caminaba cerca de ellos, entre ellos, observando sus gestos y palabras, el andar conciso de unos y el confuso de otros, y me preguntaba qué nos hace ser tan diferentes entre nosotros. Los distintos tonos de la piel; el color del pelo, castaño, rubio, moreno, pelirrojo; las facciones del rostro, angulosas, alargadas, redondeadas, armoniosas, descompensadas; la dimensión del cuerpo, altos, bajos, anchos, delgados...Sí, una increíble diversidad de razas y personalidades. Sin embargo ¿por qué juzgamos a veces y de manera tan cruel esas diferencias? ¿Es acaso la perfección una marca exclusiva que todos queremos poseer sin competencia de por medio? Pero...¿qué entendemos por perfección? ¿es verdad la acepción que da la RAE a lo perfecto: "Ausencia total de defectos o errores"?, ¿a qué llamamos defectos y errores?... 
Yo creo que la perfección está más allá de lo puramente sensible. La perfección está en el existir, en el ser, sin importar el color y forma del envoltorio; lo verdaderamente preciado está dentro, ese es el regalo, lo único que importa.
Y como llevo ya algunos días con esta canción dando vueltas en mi cabeza ¿qué mejor lugar para compartirla que en esta mi visión del mundo? Lady Gaga y su : "Born this way". ¡A disfrutar!

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