A propósito de la entrada anterior...

14 noviembre 2011


 
Me vi desnuda; atrapada por un frío seco que entumecía mis huesos al calor de la media tarde un mes de invierno cualquiera. Alrededor todos gritaban de alegría, aplaudían con gestos y suspiros de alivio al contemplar mi cuerpo tembloroso, arrugado y vivo contornearse suspendido el pie de una mano peluda y grotesca. Lloraba de espanto ante tal procesión de muecas fantasmagóricas, exaltadas sonrisas, colores opacos, aire denso y rasposo iba recorriendo con dolor mis pulmones. Una mucosidad acuosa y sanguinolenta se dejó caer expulsada con dificultad desde mi boca. Yo quería regresar. Sin tener un lugar. Solo regresar. Ser burbuja. Un barco a la deriva en el negro abismo de la nada. Permanecí anclada en la pesadumbre de las sombras. Amarrada a unos brazos cálidos que sostenían mi congestionada piel con delicado gesto. Y olvidé, como quien nunca ha tenido memoria de estrellas, olvidé; olvidé el tibio flujo de entrañas, el sonar grave de los latidos, el retumbar sordo del más allá, el ser, el uno y el todo, lo olvidé. Y aquí quedé, desprovista de pecho y corazón; de voz, ciega; sumida en la letanía del tiempo, en la bruma de la evidencia, arropada por temores inciertos; como engullida por agujeros de inerte gravedad, quedé.

Carol Munt ©

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