Una historia de vida y muerte...

01 noviembre 2011


Hoy es el día de Todos los Santos. Un día en el que los que estamos "aquí" solemos recordar a los que se fueron "allí". Algunos decoran con grandes centros de flores los hogares bajo tierra de los seres queridos, otros, como yo, escribimos una entrada en el blog para rendir homenaje a sus años vividos en este mundo. Para mí, ese es el verdadero significado de este día, agradecer y honrar el tiempo transcurrido entre su llegada y la partida. Y es que solo han transcurrido un par de años desde que comprendí el porqué de tan significativo día. La historia que a continuación voy a relatar (trataré de no extenderme mucho para no aburrir al lector) sucedió un 31 de octubre de 2009. Pero no, antes debo remontarme al la tarde del 29. Aquella tarde recuerdo estar tumbada en la cama escuchando a The Fine Frency (preciosa voz, precioso primer disco; la recomiendo) cuando, sin motivo aparente, comencé a pensar en mis años de niñez y adolescencia; el colegio, el instituto, los amores y amigos fugaces que tanto te hacen crecer en momentos de confusión. Vinieron también a mi memoria los veranos en el pueblo, con mi abuela; las fiestas, la vendimia, las charlas hasta altas horas de la madrugada con C, A y M en uno de los bancos de piedra de la plaza principal... Me pregunté qué sería de ellas. Más de diez años sin tener noticias de sus vidas, sin tan siquiera una llamada, un mensaje o un encuentro fugaz en alguna calle aledaña a aquella plaza. ¿Se habrían casado? ¿Tendrían hijos? ¿Serían felices? Un poso de añoranza me cruzó el pecho. "Desearía volver a verlas", pensé. "Pero ¿cómo?". "No tengo ningún número donde llamar ni email ni dirección, nada". Y decidí desechar de mi mente tal anhelo.
Dos días más tarde, ya de noche, sonó el teléfono. Era mi madre. Llamaba para preguntarme si quería ir a la mañana siguiente al pueblo con ella para dejar flores en la tumba de la abuela. Yo dudé, no tenía ningunas ganas de pasarme el día fregando lápidas y haciendo arreglos florales. Pero ella insistió y al fin accedí.
Hacía un día espléndido, raramente caluroso. Al llegar, lo primero que hicimos fue ir a comprar un poco más de esa esponja verde que se utiliza para rellenar el fondo de los centros y ayudar a mantener firmes las flores. Estando allí, en la única tienda abierta cerca de la calle principal, mi madre se encontró con multitud de pariente; primas terceras, tías segundas, amigas/casi hermanas.Y mientras ellas conversaban yo escudriñaba la estantería de dulces caseros (las magdalenas tenían un aspecto fantástico). Y fue entonces cuando, como llegadas de la nada, escuché unas palabras que dejaron mi cuerpo petrificado...: "Sí. Es algo horrible. Los padres están destrozados. Pobre niña. Hoy es el entierro, aquí, en el cementerio del pueblo, menudo día...". Yo me acerqué y con el corazón en la garganta pregunté: "Pero...¿quién dice que ha fallecido?". Y dijo de nuevo su nombre: "M. Tú la conocías. ¿No era amiga tuya?". "Sí", respondí con un hilo de voz.
Cuando llegamos al cementerio, una marabunta de gente se arremolinaba en torno a un nicho abierto, y entre todas las caras pude distinguir el rostro desencajado de C y A. Al fin, después de diez años nos habíamos reencontrado, única y exclusivamente para dar nuestro último adiós a M. No dijimos más.
Luego supe que M estaba trabajando de enfermera en un hospital, tenía novio y estaban pensado en irse a vivir juntos. Aquel fatídico día se despidió de sus compañeros de trabajo con un "hasta mañana", cogió el coche y quince minutos más tarde, en un cruce próximo a su casa, un autobús la invistió.
Desde entonces, siempre que puedo, me acerco al cementerio y permanezco un momento junto a su tumba, sé que ella ya no está ahí, pero ese pequeño espacio, abarrotado de flores, me hace recordar que la vida es como una fruta madura cuyo jugo hay que exprimir al máximo y que los deseos a veces pueden hacerse realidad pero no de la forma en que esperamos.

2 comentarios:

  1. Carol....has conseguido que se me escape una lagrimita....

    duro pero precioso relato...

    un beso y mucho animo!!!!

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  2. Gracias Santy. Sí, es un relato bonito y triste...
    Gracias por pasarte por aquí. :)

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