Mi refugio...mi santuario.

22 enero 2012


 
El jardín no está lejos, sólo a unos pocos pasos de mi casa. Me dirijo hacia allí sin un porqué, pues los porqués son siempre consecuencias de causas casi nunca conocidas.
La mañana es muy fría, pero eso, en este momento, no importa.
Un hombre pasa al lado, con aspecto enjuto y ojos de sapo.
Me guiña sonriente el párpado hinchado y yo escupo para dentro las ganas de soltar un "cerdo"
para acabar tragándome el orgullo.
El desolado orgullo... él, del que tan escaso uso hago yo, queda depositado cerca del fondo de la zona oscura; donde las entrañas pierden su tono y arrastran todo atisbo de color.
La nieve comienza a caer despacio depositando su azul sobre mí.
Diviso el manto blanco cubriendo con pudor los brotes tiernos del jardín antes completo de flor.
Los niños ya se han ido, de la fuente el agua no brota más, los bancos están ausentes de cuerpos, el invierno se ha cebado con todos.
Regresan mis pasos pisando escarcha, tiento en el caminar.
El hombre rana se cruza conmigo. Su ojo se me antoja repulsivo, vacío, sin partícula de vida, como un ente maligno que me observa con párpado caído.
Sin embargo mi orgullo se ha esfumado, y camino escondida por el pelo de vuelta a mi santuario.
Carol Munt ©


"De esta forma encuentro refugio, ocultándome en secreto. ¿Puedes oírme cuando digo que nunca antes me había sentido así? Quizá dije algo incorrecto, ¿puedo hacerlo mejor con las luces encendidas? ¿Fui yo? ¿Estuve allí? Me sentí tan de cristal sobre el aire... Todavía me quiero ahogar cada vez que te vas. Por favor enséñame suavemente a respirar y cruzaré océanos como nunca antes, así podrás sentirte igual que yo y reflejaré imágenes para que vuelvan a ti...".

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