A propósito del origen de mi novela "La promesa".

24 mayo 2012

Hace ya algún tiempo, cuando decidí "salir del armario" como autora de novela(s) observé que la gente me miraba "raro", entre extrañada y expectante. La mayoría, en lo profundo de sus mentes sabían que tramaba algo cuando me espiaban teclear frente al ordenador horas y horas, durante semanas, meses y años. Es cierto que estaban enterados de mi predilección por la poesía, versos que en ocasiones habían leído sin gran entusiasmo. "Bueno, todo el mundo alguna vez ha escrito poesía", decían. Sin embargo, no todos descubren tras haber cumplido los treinta que sus apuntes de instituto, excepto las primeras líneas donde aparece el encabezado del tema y la fecha del día, están plagados de poemas, relatos cortos y alguna que otra frase suelta asemejándose a aforismos más o menos acertados. 
Un par de días antes a tal descubrimiento mi brújula interna parecía haberse vuelto completamente loca tras leer una frase de lo más reveladora; esta decía así:
"El miedo es nuestro único enemigo a la hora de alcanzar nuestros sueños. Responde a esta pregunta: ¿cuál es tu pasión? ¿Cuáles son las cualidades que interiormente te definen y que independientemente del lugar y la situación siempre te han caracterizado? Ese es tu verdadero yo. Si en este mundo no existiera el ansia de poder ni el miedo a la pobreza que conlleva el dinero, si en este momento nada, absolutamente nada pudiera frenarte para realizar aquello que más ansías, ¿qué harías? ¿cuál sería tu aportación a los demás, tu escaparate?".
Mis respuestas a todas esas preguntas las encontré en una carpeta vieja de instituto. Cientos de papeles que durante años clamaban sin ser escuchados. Ahí, entre palabras garabateadas con entusiasmo estaba mi verdadero yo. La base de quién soy, de quien siempre he sido. Y fue en aquel instante cuando nació "La promesa". Cinco años de escritos y reescritos, de borradores, de búsqueda,  de aprendizaje, de momentos de incertidumbre, de lucha contra tus monstruos internos, los miedos, los prejuicios (los propios y ajenos) hasta que por fin tecleas la última palabra y sabes que lo peor ha terminado, que la experiencia conseguida siempre quedará en tus neuronas grabada a fuego y que las demás obras, al igual que los hijos, vendrán a este mundo con algo menos de esfuerzo y mucho menos temor.
(Continuará...)

1 comentario:

  1. Me ha encantado leer el proceso que activó la creación de tu novela. Y estoy de acuerdo en que el miedo es nuestro único enemigo a la hora de alcanzar nuestros sueños. Todo esto resulta muy revelador. La acción comienza con PENSAMIENTO POSITIVO. Yo también estoy en ello estos días: limpiando mi paisaje, deshaciéndome de lo inútil y centrando mi fuerza creadora en los poemas.

    Saluditos

    PD: Me gustaría comprobar el aspecto de mis apuntes estudiantiles. ¡Hace dos décadas ya!

    ResponderEliminar