De tormentas y amores que pertenecen al pensamiento.

30 octubre 2012


Autor: Carol Munt
 
Acaríciame para dormir. Nunca dejes tus párpados entreabiertos. Abrázame cuando haya pequeños ruídos porque lo necesito. Tu pelo largo, sobrepasando tu nuca, llega hasta tus omóplatos. Deja tatuado mi mensaje sobre tu pecho para siempre, no te dolerá. Quiero ser el único habitante de ese lugar especial que queda bajo tu cadera. Justo al otro lado de ese lugar de tu cuerpo al que nunca pega el sol y que debajo de él, no hay nada. Sólo se trata de mantener un diálogo. Enseñemos a nuestros cuerpos: Llevémoslo a cabo, sólo hay que ser consciente de aceptar lo que pierdes. Placer, lo hemos encontrado del todo. Sentir un latigazo en el interior de la piel. Tú me atravesaste con las órbitas de tus negros ojos. Sabes que no hay nada entre nosotros, pero moriría por estar a tu lado. Está tronando sobre el lago y las pequeñas olas las emiten nuestros cuerpos quebrándose. Echamos fuego, pero no hay más cera de la que arde, así que deja que suceda. Tu bañador te oprime. Hazlo, siempre estoy abierto a escuchar y a que algo suceda. Despierta tus remordimientos conyugales, pero los que te entren, que se queden dentro. Porque llegan los demonios y pueden poco a poco desaparecer. (Bon Iver. Calgary. Traducción: Mi canción de hoy)

Bon Iver/Calgary

P.D:  Días de tormenta... Cuando el silencio es roto por el rugir del viento y el mundo parece desaparecer bajo el agua, abandonando el firmamento. 
No parece, lo es...

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