Un fragmento de "Y Lao Tse bajó de los cielos"

22 octubre 2012




"Ella le miró a los ojos. Una punzada de incredulidad atravesó su estómago. «¿Y si es todo una gran mentira? —se dijo—. ¿Y si el hombre que tengo frente a mí, y al que creía conocer, se ha vuelto completamente loco?» Desde el funeral de Sofía, hacía ya tres años, únicamente habían quedado en un par de ocasiones, sin contar esta; en verano y siempre en el mismo lugar: en la azotea del antiguo y céntrico edificio donde vivía Claudia. El resto del tiempo, su relación se había limitado a esporádicas llamadas de teléfono, a mensajes más o menos frecuentes y algún que otro email al mes. Y jamás habían tenido una conversación como la que estaban teniendo ahora. Es cierto que a veces hablaban de temas más o menos transcendentales. Pero solo cuando a ella le surgía alguna pregunta, entonces se la trasladaba a Bruce con la esperanza de que él le diera una solución. Pues en el fondo, Claudia sabía que nadie más podría entenderla. Ella escuchaba sus consejos con ansiedad, sin embargo, pocas veces los seguía; sus argumentos le parecían demasiado complicados; «difíciles de llevar a cabo», decía. Aun así, ella sentía que había algo de genial sabiduría en sus palabras, un «algo» que la atraía cada cierto tiempo hacia a él. Y que, inexplicablemente, también la alejaba.(...)"


No hay comentarios:

Publicar un comentario