De hogares, distancias e hilos invisibles que los conectan irremediablemente...

18 noviembre 2012

Ausentarte de tu casa, aunque solo sea durante un par de días, y observar cómo la puerta se cierra tras de ti para luego ser eficazmente sellada, es como comenzar un pequeño camino que, sin saber muy bien por qué, desearías recorrer a zancadas para regresar de nuevo al punto de partido, y de esta forma hacer como si nunca te hubieras ido. "Únicamente son dos días", te dices. Pero, el imaginar tu hogar en la penumbra a la hora de la tormenta, o sin voz, sin música que llene los espacios vacíos que dejas a tu paso entre las paredes y los muebles. El teléfono sonando, perdiéndose el "ring" más allá de los ecos del silencio como respuesta... todo ello, me hace entristecer. Y esa tristeza, a su vez, me permite comprender que allí donde vivimos, reímos, soñamos, amamos, hablamos, lloramos, comemos, sentimos y respiramos durante más tiempo, es donde queda nuestra huella grabada en cemento; y que el corazón de nuestro hogar palpita a igual ritmo que el nuestro, y que su energía es nuestra energía, y su pensamiento nuestro pensamiento; y que cuando nos ausentamos de él, un fino hilo invisible permanece conectado incomprensiblemente a su respirar, para hacernos recordar que sin nosotros jamás podría ser llamado hogar.

P.D. Pues eso, que este fin de semana no he estado en casa y... la he echado mucho de menos. Por cierto (y sin venir mucho a cuento :-P), si aún no habéis visto Amanecer parte 2 (y queréis verla) os diré que lo mejor (para mí) son los créditos finales... ;-) Y aquí os dejo una pista...

2 comentarios:

  1. Tienes toda la razón y lo expresas de manera clara. Mi casa es mi refugio, mi cobija. Y como todas las cosas queridas cuando no las vemos las añoramos.
    Saltos y brincos

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  2. Nuestro hogar refleja una parte importante de nosotros...
    Un fuerte abrazo Ester :-)

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