El arte de dar y saber recibir

11 noviembre 2012

Dicen que en los momentos de crisis es cuando el carácter inherente de las personas se deja ver con mayor claridad; y es cierto. Cuando el miedo parece haber invadido el mundo cubriéndolo con un manto de oscuridad, ocurre que las pequeñas pero incandescentes luces de aquellos que no creen en los malos augurios ni en tenebrosos abismos se levantan para alumbrar igual que si fueran faros los caminos de los que creen haberlo perdido todo. Y es que, aunque a veces creamos que no es suficiente, una simple palabra de aliento, un silencio de comprensión ante la escucha del llanto de alguien que no puede vislumbrar ninguna salida o un plato de comida caliente para quien los recursos económicos han dejado de llegar; pueden servir como pilar para la construcción de un nuevo futuro.
El dar es un arte que no todo el mundo está en disposición de cultivar, y aún menos en estos tiempos, en los que muchos se repliegan sobre sí mismos con la esperanza de que ese manto de oscuridad pase sobre ellos sin ser vistos, escudándose en sus propios problemas y haciendo oídos sordos a los gritos desesperados de los que un día tuvieron una vida próspera y que ahora ven cómo todo lo que poseían, incluyendo el cariño de amigos, familiares y allegados se desvanece. Lo dicho. El dar es un arte, y como tal, debe ser protegido y alabado como si de un tesoro se tratara. Pues ese “dar” de unos pocos significa que la humanidad no está perdida y que algún día, por efecto contagio, la cadena de favores amplíe sus horizontes al resto del mundo. Pero para que esto sea así, debe darse, en sentido contrario, la humildad de la aceptación. Y es que si creemos que es difícil dar, mucho más difícil resulta el hecho de recibir. Ya que en este caso, el recibir, requiere admitir la propia situación de dificultad. Algo a lo que el ego suele oponerse ferozmente escudándose en la “dignidad”. Cuando los problemas llaman a la puerta siempre pedimos por una solución, lo que no sabemos es qué cara tendrá dicha solución, y tampoco el contexto ni el ámbito en el que se dará. Así pues, si algún día nos llegan tiempos difíciles y alguien nos tiende una mano, aceptémosla; de esta forma estaremos diciéndole “adiós” al orgullo.

2 comentarios:

  1. Carol, me ha emocionado muchísimo tu entrada. Es muy cierto todo lo que cuentas y cómo lo cuentas. Para recibir tenemos que aceptar que nos encontramos en una tesitura desfavorable, y eso no siempre es fácil, no siempre uno sabe admitir con humildad que está en una situación de necesidad. Gracias por este texto. Valiosísimo.

    Abrazo.

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  2. Me alegra que te haya gustado y sobre todo que te haya parecido valioso.
    Muchas gracias Anaís.
    Un fuerte abrazo :-)

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