Anecdotario: De caídas en noches intempestivas y extrañas casualidades...

27 enero 2013

Reconozco que no soy de salir mucho de fiesta. No sé, supongo que soy más de cervecita, charla y cigarrito. El caso es que de vez en cuando me apetece otear el panorama nocturno que se cuece en los pubs y bares de copas de Madrid; más si alguna amiga me llama pidiéndome por favor que la acompañe a algún lugar donde se encuentra el "tío de turno" que conoció hace un par de días; entonces, me calzo mis tacones, me pinto el morro y hago lo que cualquier amiga haría: acompañarla. Luego, una vez allí, me dedico a escrutar el paisaje. Y eso es exactamente lo que ocurrió ayer noche, además de algunas otras cosas varias que a continuación narraré.
Llegamos a eso de la una de la madrugada a uno de los pubs de moda de la ciudad. Dejamos el abrigo, nos fuimos a la barra a pedir un par de coca-colas que nos costaron un riñón y nos perdimos entre la gente. La música: aceptable y el ambiente: cómodo. Suficiente para mí. Charla por aquí, charla por allá, algún que otro bailecillo, y tras dos horas y media estudiando el siempre interesante "ritual de apareamiento" que se da en estos lugares y a horas tan intempestivas el local encendió las luces de cierre invitando a los allí presentes a marcharse. Así que con las mismas ambas fuimos a por nuestros abrigos. Y a partir de aquí viene el asunto. Aprovechando que el baño estaba cerca de la puerta le dije a mi amiga: "Oye, voy a entrar un momento. Tú si quieres espérame fuera". Y así lo hizo. Un par de minutos más tarde, me disponía yo a subir las escaleras que conducen a la puerta de salida, cuando mi zapato derecho, haciendo caso omiso a las instrucciones marcadas por el pie, quedó tirado en uno de los escalones cual cenicienta. Yo, al darme cuenta del hecho, fui como pude hacia él, con la mala fortuna de tropezar, perder el equilibrio y quedar sentada de un topetazo en el rellano de uno de los lados de la escalera. Rápidamente y con la típica risilla de "Uy, vaya, me he caído", me levanté ante la mirada atónita de uno de los de seguridad, que lejos de ayudarme me observaba como pensando: "Menuda torrija lleva esta". Una vez fuera, le comenté el hecho a mi amiga y mientras estábamos descuajeringándonos de la risa una chica, cerca de nosotras, dio un traspiés, comenzó a recular y en un abrir y cerrar de ojos cayó quedando sentada sobre la acera. Mi amiga y yo nos miramos, y entonces dije: "Ostras, pues no hay dos sin tres". En ese momento se acercaron unos conocidos y comenzamos a hablar con ellos; no habían pasado ni diez minutos cuando otra chica, que acababa de salir también del pub, vio cómo su pie se retorcía al chocar contra un bordillo e igual que un peso muerto su cuerpo se precipitaba al suelo de bruces. 
Ya de camino, en el coche, mientras mi amiga me contaba su plan para "cortejar" al "tío de turno", bajo la banda sonora de Lady Gaga, yo, que veo señales hasta en el mismísimo vacío, me pregunté: ¿Qué probabilidades hay de que tres personas se caigan en un mismo lugar, sin razón aparente, en tan corto espacio de tiempo? Y entonces recordé:
Cuando cayó la segunda chica (la primera fui yo) quedó sentada en el suelo riéndose, y su amiga, al ver que tras un rato de carcajadas no se levantaba, decidió tirarse al suelo junto a ella para acompañarla en lo que quizá podía ser una situación embarazosa. Y allí, las dos, rodeadas de personas en pie, resolvieron fumarse un cigarro tranquilamente.
En el caso de la tercera chica, también lo vimos todos (y cuando digo "todos" me refiero a todos los que minutos antes estábamos dentro del local) y nadie se rió, alguien soltó alguna expresión del tipo: "Madre mía, qué leche se ha metido", pero ya está; sus amigos la ayudaron a levantarse tendiéndole la mano, y la gente volvió a sus charlas, a sus cigarros y a sus coches.

A veces el universo te manda señales para decirte:

"Oye, no te avergüences de tus caídas, quien más o quien menos se ha caído alguna vez y, o bien se ha levantado y ha seguido como si nada o bien ha encontrado a alguien que le hiciera compañía o que la ayudara a ponerse en pie. Una vez que te levantes no te lleves la caída contigo, déjala allí, y la próxima vez, mira por donde caminas o simplemente, ponte otros malditos zapatos".


17 comentarios:

  1. Jajajajaj nuestros zapatos nos juegan malas pasadas! Despues del embarazo jubile los tacos, sobre todo despues que me cai estando embarazada!
    Un beso!

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    1. Qué gran cruz llevamos las mujeres con eso de los zapatos de tacón, pero es que sientan muy bien! Afortunadamente yo solo me los pongo de vez en cuando...
      Beso fuerte, Patricia. ;-)

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  2. Si me caigo, primero miro a ver si me ha visto el mundo entero, luego me parto de la risa, si no me he hecho mucho daño, claro, si veo a otra persona caerse la cosa cambia, no me río.
    ¿Pero por lo demás lo pasaste bien? Eso es lo importante. Un abrazo

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    1. La noche estuvo aceptable. Es siempre más de lo mismo, aunque siempre sacas conclusiones interesantes ;-)
      Un fuerte abrazo, Ester.

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  3. No se por qué las caídas provocan risa., a no ser por algunas verdaderamente cómicas. Yo me caído muchas veces y tu orgullo impide ver la cara de vergüenza que llevas. Los tacones se enganchan que ni te digo. Pues ale a levantarse que aquí no ha pasado nada. Hay que saber reírse de nuestras circunstancias.
    Bss y buena semana

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    1. Yo también me pregunto qué tendrán las caidas que causan risa, aunque he de reconocer que yo me río más de las mías que de las ajenas. No sé, no me siento bien carcajeandome de alguien que lo está pasando mal. (Miento, a veces me he muerto de la risa con la caida de alguna amiga, pero hay confianza...)
      Besos Katy. :-)

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  4. Uishhh que dañooo jajaajaja
    Bueno,son estas casualidades de la vida que hacen a uno filosofar y pasarlo bien. Que tu amiga tenga suerte!!

    Besos abisales

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    1. Pues sí, fue tanta casualidad que no pude dejar de pensar en ello y sacar algunas conclusiones. A veces hay que mirar y no solo ver.
      Besos, Abismo. ;-)

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  5. A veces nos encontramos con las personas en el rincón de la casualidad. Y es bueno darse cuenta que a veces nos podemos caer todos juntos, al mismo tiempo, para hacer un poco de risas con esas caídas. Para compartir el dolor que genera un tropezón. Excelente escrito Carol. Un abrazo desde Argentina!!

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    1. ¡Hola Nadu! Me alegra verte por aquí :-)
      No hay que tener vergüenza de las caídas, un tropezón lo tiene cualquiera ;-)
      Un abrazo fuerte, Nadu.

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  6. Me alucina tu análisis final! Resulta que te vas de fiesta, te pegas una caída, ves como se caen otras dos y lo que sacas en claro es una pedazo reflexión sobre la vida y sus constantes tropiezos. Chica, deberías salir más... ¡porque lo bordas!
    Me encantas, Carol... para qué te voy a engañar!
    jajjaaj
    Besazos.

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    1. jajajajja, tú también me encantas. Es lo que hace a veces el aburrimiento, que te pones a sacar conclusiones de todo, aunque como ya he dicho antes, fue muy raro que tantas personas se cayeran en tan corto espacio de tiempo; no sé, tenía que pensar sobre ello; las casualidades no existen...
      Quizá debiera salir más, pero es que a mi las noches de fiesta me dejan baldá, pero es cierto que siempre que salgo ocurre algo que me hace pensar. :-)
      Beso fuerte!

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  7. LAS CAIDAS ME DAN MUCHA VERGÜENZA JIJIII, SUELO LEVANTARME RÁPIDO Y MIRAR PARA TODAS PARTE PARA VER SI ME HAN VISTO.

    EN CUANTO A LAS OTRAS CAIDAS, LA QUE A VECES LA VIDA NOS ENFRENTA, SON INEVITABLES.

    UN BESO GRANDE.

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    1. Creo cuando nos caemos nuestra verguenza no es proporcional a la indiferencia de los demás...
      Un beso grande para ti, Luján. ;-)

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  8. La caída puede ser un ejercicio de introspección valioso.

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