De conversaciones recurrentes en tardes de invierno...

12 febrero 2013

El marido de P. sale huyendo siempre que R. y yo vamos a visitarla a su casa. Y no le culpo. En muy contadas ocasiones nuestras conversaciones son lo suficiente atractivas como para dejar embelesado a la parte masculina y dominante de su cerebro. Sí, a veces hablamos de política, economía y sociedad. Pero jamás hablamos de deporte (aunque en verdad no sé si ese tema le interesaría). La cuestión es que siempre acabamos conversando de lo mismo: Mitad "cómo educar a los hijos sin morir en el intento" y mitad "cómo encontrar al amor de tu vida sin tener que sufrir para ello". Reconozco que ambos temas, aún siendo de mi interés, no me afectan directamente. Quiero decir, no tengo hijos y tampoco me angustia la "soledad" ni sufro ni busco el amor de mi vida (véase la entrada anterior). Pero, aún así, me lo paso en grande escuchando y aportando opiniones. Sobre todo cuando nos adentramos de lleno en la segunda mitad. Sí, el amor es un tema de lo más recurrente; más cuando nos centramos en las relaciones de pareja. Normalmente deseamos desentrañar los secretos del amor y del desamor como si fueran problemas matemáticos: "Pues yo creo que fulanito dijo eso, pero en realidad estaba pensando todo lo contrario. Porque si te das cuenta, cuando estaba hablando, me miraba a mí, lo que significa que...". "¡Qué va! Yo diría que por el tono y la expresión de su cara se refería a menganita, lo que no quita que sienta algo por ti; pero a mí me da que este tiene algo con la de más allá; aunque si analizamos los mensajes que te ha mandado, podemos inferir que también le interesaría tener una relación contigo...". "¡Uy! Yo me olvidaría de ese tío. No hay más que ver la segunda palabra del tercer mensaje que te ha mandado. Esa palabra dice mucho. De hecho lo dice todo. Nada, nada. A otra cosa mariposa...". Y así podemos tirarnos horas. Yendo y viniendo. Dándole vueltas y vueltas al mismo punto. Para llegar siempre a la misma conclusión: Lo simple por simple nos parece infinitamente más complicado. Lo que no es, no es. Y además, es imposible...

P.D. 1: Buen martes a tod@s.
P.D. 2: Por cierto, puede que esta entrada sea más de "ellas" que de "ellos", aunque... no sé, yo creo que las comeduras de tarro, al final, no entienden de sexos.
P.D. 3: Y encima luego nos da por escuchar temazos como este... ;-)


9 comentarios:

  1. Las conversaciones que parecen trascendentes me encantan, puedo dar rienda suelta a mis ideas.
    La primera posdata, igualmente, las otras dos, no estoy segura.
    Abrazos

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    1. Eso es lo bueno que tienen las conversaciones insustanciales que digas lo que digas siempre estará bien :-)
      Abrazo fuerte!

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  2. todo el mundo tenemos esas conversaciones, jejeje, Yo con mi amiga Pa puedo pasarme las horas enteras así. y luego lo pienso y digo, pues vaya chorrada y pérdida de tiempo. pero mola recrearse en esas pequeñas cosas.
    lo que no puedo es el tema de los hijos... me aburro taaaanto. imposible. igual que el de la casa, la hipoteca... blablablá.

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    1. ¡Naar! Qué ilusión verte por aquí. A mí me pasa como a ti, el tema de los hijos... ¡puf! me un poco de pereza. Pero supongo que es porque no soy madre, si lo fuera, otro gallo me cantaría ;-)
      Abrazo!

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    2. Otro gallo te cantaría, sí! Que yo antes de ser madre todo el tema mayúsculo de la maternidad me daba igual. Y si te digo la verdad, tampoco me esforzaba en preguntar a las madres, en jugar con los niños, en percatarme de esa existencia infantil... Era un mundo ajeno a mí. ¿Me entiendes? Y ahora, ya ves, ¡qué cambiazo!

      Un besito, guapa.

      PD. Rebeca Jiménez. Cantautora de una voz personalísima e intensa. La seguí durante un tiempo en Myspace. Ya le he perdido el rastro.

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  3. Hola, genial pasar por tu blog, es bien interesante, un gusto estar aquí, te invito cordialmente a visitar el Blog de Boris Estebitan y leer un poema cómico mío titulado “El baile de Snoopy”

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    1. ¡Hola Boris! Me alegra que te guste mi blog. Ahora mismo me paso por el tuyo. :-)
      Un abrazo.

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