Ya de vuelta con un asuntillo sobre La promesa.

21 mayo 2013

Hola queridos todos; ya estoy de vuelta por el maravilloso mundo bloggero (¡Ains. Cuánto lo he echado de menos!) para contaros un asuntillo que me ha ocurrido recientemente y que tiene que ver con mi primera novela La promesa. Se trata de un hecho que en un principio me ha angustiado, pero que luego ha ido perdiendo trascendencia con el paso de las horas.
Allá voy:

Esta tarde, estando yo ultimando los preparativos para venir de vuelta a Madrid desde el pueblo, ha llegado un amigo de mi padre todo emocionado diciendo que ya había recibido mi libro La promesa en edición papel y quería que se lo dedicara. Aún lo traía embalado en la caja que Amazon utiliza para los envíos, así que me la ha dado para que yo la abriera y sacara el libro de su interior. Yo estaba toda emocionada (¡Iba a dedicar mi primer libro!), hasta que de repente me he topado con la portada. "¿Qué! ¡Esta... esta... esta portada es una auténtica porquería!". Sí, queridos todos, una auténtica porquería. Era la portada, pero no era la portada. Los colores no se parecían a los originales; el paisaje del fondo ni se intuía; solo se veía un puñado de tonalidades verdes, ni azules ni marrones ni nada de nada. Casi me pongo a llorar. El pobre hombre, viendo mi cara, me ha consolado diciendo: "No importa. Si lo importante está en el interior". Y en eso tiene toda la razón. Pero en un libro lo primero que llama la atención es la portada, y mira que no me convencía mucho, pero ahora he terminado por descartarla del todo. Durante veinte minutos mi cabeza ha sido un hervidero: "Vaya con la puñetera portada. Menudos quebraderos de cabeza me está dando. Si es que a mí lo que se me da bien (o medio bien) es escribir, no diseñar portadas de libros. La primera que si se parecía más a una novela de Corín Tellado, la segunda que si no cuadraba mucho con los libros para edición en papel y esta que al final parece de todo menos lo que yo quiero que sea. Pero... ¿qué quiero que sea?". Ese ha sido mi problema desde el principio con La promesa. Y es que La promesa habla de amor, pero no es una novela romántica al uso; habla de espiritualidad, de cómo el amor puede cambiarnos, pero no se asemeja a las novelas tipo "Paulo Coelho"; es una novela intimista, con sus luces y sus sombras; más luces que sombras, por lo que tampoco es recomendable usar tonos oscuros. Hasta que, después de respirar profundo unas cuantas veces, me he dicho:"Carol, deja de preocuparte y empieza a ocuparte. Pero sin prisa. Lo primero ahora es terminar tu segunda novela y terminarla bien. Ya tienes la portada, y te gusta ¿verdad? ¿Y por qué te gusta? Porque es sencilla. ¡Claro, en la sencillez está la perfección! Así que, ratito a ratito, ve creando una portada sencilla para La promesa, sin precipitarte, sin angustiarte, esto tiene solución, puedes regresar sobre tus pasos y volver de nuevo al principio. Nunca es tarde para hacer las cosas como las quieres hacer". Y con estos pensamientos toda la preocupación se me ha ido en un segundo. Total, que he paralizado la venta de La promesa en edición papel. El ebook aún se puede descargar, puesto que el cambio de portada es casi inmediato y tampoco quiero sacarla de amazon. Pero en cuanto publique "Y Lao Tse bajó de los cielos", me pondré a crear una portada "sencilla" y apropiada para ella. Por cierto, si alguno de vosotros se la ha leído, me vendrían bien algunas sugerencias. ;) ¿Cómo os imaginais vosotros la portada de La promesa?

Fuerte abrazo a tod@s. :-)


2 comentarios:

  1. ha sido solo un contratiempo, pero tu compromiso con la novela ha estado a la altura de las circunstancias
    .
    enhorabuena

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  2. Gracias Omar! :P
    Nunca es tarde ¿verdad?
    Saludos.

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