Cada persona tiene sus tiempos.

10 junio 2013

Hace unos cinco o seis años, estando yo en casa de mi tía M., descubrí  un libro que me llamó la atención desde el primer momento. Se trataba de un libro que hablaba sobre la técnica del Reiki. Mi tía M. por aquel entonces trabajaba en una tienda de temática filosófico-espiritual y gracias a ello se había hecho con una buena biblioteca en la que podías encontrar libros desde Platón, Nietzsche, Hesse, hasta Rumi, Eckhart Tolle, pasando por cualquiera que hablara de las llamadas terapias energéticas, véase Flores de Bach, Homeopatía, PNL, y el susodicho Reiki. Y qué queréis que os diga, para una que es piscis ascendente cáncer (dato poco objetivo) y que se sintió desde una edad bien temprana atraída por el profundo mundo del interior de uno mismo, el encontrarse con tal cantidad de conocimiento por descubrir supuso una grata satisfacción. Pero volviendo al tema; antes de toparme con ese libro jamás había oído hablar del Reiki, ni siquiera había reparado en el título, aún habiendo estado horas y horas frente a la librería de mi tía escudriñando cada lomo. Pero aquel día lo tomé intrigada y comencé a leerlo. Y la verdad, me pareció interesante. Por aquel entonces estaba ya desprendiéndome de todo atisbo de escepticismo, así que decidí investigar un poco más. Fue de esta forma que supe que el Reiki era una técnica surgida en Japón en el año 1922, y descubierta por el monje zen Mikao Usui. Traducido al español Reiki significa “energía universal” y su práctica se fundamenta en la canalización de esa “energía universal” a través de las manos a un receptor que puede ser uno mismo u otra persona. «Mmmmm —me dije—. Curioso». Y me dispuse a recibir un cursillo. Existen tres niveles en el Reiki. Con el primer nivel ya te posibilita  ser canal Reiki, con el segundo aprendes nuevas técnicas y profundizas más, y con el tercero consigues la maestría y de esta forma puedes impartir la enseñanza del Reiki. Yo me hice los dos primeros de una tacada; y ahí me quedé, no tenía ningún interés en ser maestro. En realidad únicamente lo quería para utilizarlo conmigo misma. Y lo utilicé, vaya si lo hice… Claro, todo esto ante la mirada de familiares y amigos que creían que había sido víctima de alguna secta. Yo les decía «Pero qué secta ni secta. ¿Acaso me veis yendo con gente rara? Yo sigo siendo yo, solo que ahora estoy cien veces más relajada. Deberíais probarlo» Y entonces me ponían cara de «Uy, no. Qué miedo. A mí esas cosas no me molan». Hasta que un día, hace un par de años, estando con mis padres cenando salió una noticia en el telediario. En ella se contaba cómo en muchos de los hospitales públicos de Madrid se estaba utilizando la técnica del Reiki en las plantas de oncología. Habían observado que tras la terapia los pacientes asimilaban mucho mejor la quimio y además los relajaba y les disminuía los posteriores efectos secundarios del tratamiento. Mi madre se quedó atónita y no tardó ni un día en tumbarse en la camilla para que le diera una sesión. Al ver a mi madre, mis hermanas también se animaron; y también algún que otro familiar.
Así hasta llegar al día de ayer. Mi gran amiga R. siempre ha sido bastante reticente a estas cosas, ella es… ¿cómo lo diría?: Muy Tierra. De hecho, jamás había hablado con ella de estas cosas porque sabía que simplemente no estaban en sintonía con su pensar. Sin embargo, he aquí que hace algunos días (el famoso día de las cartas del Tarot) me viene y me dice: «¡Ains, Carol! Siento que tengo que limpiarme las energías negativas como sea. ¿Tú no sabrás alguna técnica de esas, verdad? En mi trabajo tengo una compañera que me ha hablado de una cosa que se llama Reki o Riki» Y entonces me quedé gratamente asombrada. Luego me dio la risa. «Reiki —le dije—. Sí, claro. Si quieres yo puedo darte todas las sesiones que quieras» «Eso sí —le aclaré— esto no es ninguna panacea, el Reiki es solo una técnica que lo que hace es equilibrar ciertos puntos energéticos de tu cuerpo. Pero no te cura, ni te convierte en una persona nueva, es solo un complemento». Y así pasó. Ayer vino a darse una sesioncita y salió la mar de relajada. Luego nos fumamos un «piti» (incongruencias de la vida) y nos zampamos unos donuts rellenos de fresa.

Moraleja: Cada persona tiene sus propios tiempos. No puedes obligar a nadie a que entienda algo que no quiere o puede entender.


 Fuerte abrazo a tod@s y feliz inicio de semana.

:)

1 comentario:

  1. Hace años hice los dos primeros niveles del curso de Canalización de Energía Universal. Y el Reiki me interesa mucho; tal vez me anime algún día a estudiarlo. Me pasa lo mismo que a ti: lo haría para emplearlo conmigo misma, no tengo interés en ser maestra en esta materia :)

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