De juicios y valores. Todo libro tiene sus lectores.

10 diciembre 2013

Hace algún tiempo, viendo yo uno de eso programas de literatos pseudocultos, quedé espantada al comprobar cómo, en un empeño por ensalzar la "buena literatura", los allí presentes lanzaban algunos libros que ellos creían bazofia a una "caja de los olvidos" con el propósito de ser posteriormente quemados al más puro estilo "Fahrenheit 451". Aquella escena hizo que surgieran en mí ciertos pensamientos. No cabe duda de que existen libros cuyo interior está compuesto de historias simples y personajes con diálogos planos y en ocasiones hasta ridículos. Obras que no te dicen nada, que no te aportan nada; pero, y aquí viene la pregunta del millón, ¿Quién, que no sea un lector y solo un lector, es quién para juzgarlos? Hace algún tiempo, hablando con una amiga que se dedica al mundo de la actuación, me confesó que no se sentía bien criticando el trabajo de otros actores en público, por mucho que su trabajo dejase mucho que desear. Porque, ¿quién era ella para hacer tal cosa? Si ella se dedicaba a juzgar a los "suyos" no estaba haciendo otra cosa más que juzgarse a sí misma. Esto es lo que ocurre con los escritores que, creyéndose grandes iluminados de las letras, no dudan en atacar ferozmente a ciertos libros (en especial algunas sagas por todos conocidas) que curiosamente se han convertido en grandes bestsellers. ¿Envidia? ¿Escasez de humildad? Yo creo que esos juicios a quienes hacen realmente daño es a los lectores de dichas historias. No podemos pretender que todo el mundo vaya en el metro leyéndo a los grandes clásicos. Existen personas, muchísimas personas que lo único que desean y necesitan es pasar un buen rato; que el libro que estén leyendo les transporte a otros mundos, a otras vidas; aquellas, por ejemplo, que nunca pudieron y podrán vivir; ya sea un amor pasional y prohibido, un viaje exótico o convertirse en investigador privado por unas horas. Otros lectores solo querrán encontrar una historia que les inspire, que les remueva por dentro, que les haga reflexionar. Hay muchos lectores, muchísimos, que no se detienen en juzgar la forma, a ellos solo les importa el fondo, el poder sumergirse en él y empaparse de sentimientos y emociones. No se pararán a indagar en la construcción de las frases o si cada párrafo tiene el margen adecuado o si las comas y los puntos están bien situados; tampoco repararán en la complejidad o no de los diálogos o los personajes. No, ellos solo quieren sentir. Luego están los otros, los lectores exigentes, los que necesitan que todo cuadre, incluida la hechura. Y para todos ellos están los hacedores de historias, unos, los menos exigentes, son los que se encargan de amenizar las vidas sin mayores pretensiones; y luego están los otros, los que quieren construir un todo y hacer que el fondo y la forma tengan calidad. Esforzándose cada día por crear mejores historias. Tanto unos como otros tienen su razón de ser. Y es que, como suelo decir: Todo libro tiene sus lectores. Si criticas alguno estás desprestigiando a aquel que se zambulle en sus letras encontrando en su interior algo de valor. Un valor muy subjetivo, sí; pero un valor al fin y al cabo.

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