De perdones y novelas en standby...

19 diciembre 2013

Emma; mi querida Emma me espera. Se encuentra junto al amor de su vida, observando su pequeño cuerpo dormido. Triste, con un brillo de impotencia en su mirada. El sonido lejano de una llamada la saca de sus pensamientos. Un ensimismamiento caracterizado por la pesadez de los últimos días. Ella responde... en esa conversación se halla la clave de su futuro. Sin embargo, su vida, allá donde esté, tendrá que esperar a que en esta dimensión mis manos tengan el suficiente tiempo como para ponerse manos a la obra y continuar. Solo puedo decir que lo siento, pedirte perdón, Emma. Por tener quehaceres ineludibles antes que dibujarte; antes que darte fondo y un sendero por el que caminar. Necesito que tengas paciencia. Sí, la misma paciencia que tengo yo cuando, al pasar cerca del ordenador, me acuerdo de ti, y tras un sonoro suspiro me digo: "Cuando pase el caos; cuando pase el gentío; cuando se hayan ido los compromisos, las tardes eternas entre las calles abarrotadas del centro de Madrid; las compras; las obligaciones... Cuando todo ello haya pasado y llegue el silencio, entonces, y solo entonces, llegará tu turno; y tú, Emma, serás mi prioridad.

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