De mayor quiero escribir como Natsume Soseki.

10 abril 2015



"(...) Había ido allí para tratar de abrir una puerta, pero su obstinado guardián se había negado a dejarle pasar. Ni siquiera se había dignado a mostrarle su cara por mucho que él se hubiera empeñado en llamarle. Solo le había dicho: "No sirve de nada llamar: Abre tú mismo la puerta y entra". Le había dado muchas vueltas a cómo hacerlo, había trazado un plan detallado, pero al final fue incapaz de lograr su objetivo. Se encontraba exactamente en el mismo punto en el que estaba antes de empezar a buscar una solución. Se había quedado de pie frente a la puerta, ignorante, impotente. Durante años había dependido exclusivamente de su discreción. Era una ironía del destino que justo en ese momento, esa misma discreción se hubiera transformado en maldición. Envidiaba de corazón la simplicidad de los tontos que siguen su camino sin pensar en nada, sin lamentarse por sus limitaciones. Sentía también una particular reverencia y devoción por la gente sencilla anclada en sus creencias, ajena por completo a cualquier duda intelectual. Tenía la impresión que desde niño había estado maldito, condenado a quedarse para siempre en el umbral de la puerta, incapaz de traspasarla. No había nada que pudiese hacer. Si la puerta era en verdad infranqueable, haber ido allí ya constituía de por sí una flagrante contradicción. Echó la vista atrás y examinó su pasado. Sabía que no tendría valor para volver sobre sus pasos, para recorrer de nuevo el mismo camino. Contempló la puerta frente a él, cerrada a cal y canto. Supo que nunca se abriría para mostrarle lo que había detrás. Su destino no era cruzar su umbral, pero tampoco se iba a sentir satisfecho con quedarse fuera. Tan solo era un pobre diablo condenado a quedarse allí agachado esperando a que cayera la noche". 

La puerta (Natsume Soseki, 1910)

Cuando se quiere decir algo no es necesario emplear palabras para rellenar vacíos que desde el principio no debieran existir. Eso es lo que hace con total naturalidad Natsume Soseki para crear sus novelas. Y es que en ellas no sobra nada. Ni un punto, ni una coma, nada. Novelas poco extensas, en cuyo interior se encuentra la precisa perfección de la vida. El ordinario divagar del tiempo, la cotidianidad de una escena sencilla; contado todo con tal fluidez y honestidad que pasadas una horas aún no eres consciente de que has quedado atrapado completamente por su magia. Esto es magia...

1 comentario:

  1. ¡Holaaa Carol!
    Para premiar tu fantástico blog tengo el placer de comunicarte que te he concedido unos cuantos premios en una entrada muy especial publicada en mi blog :) Cuando quieras puedes pasar a buscarlos:

    http://donde-los-valientes-viven-eternamente.blogspot.com.es/2015/04/100000-visitas-superadas-en-el-blog.html

    ¡Un beso muy grande!

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