TODO LO DEMÁS

12 julio 2015



Hay un límite que demarca el nervio
que por más que lo estire en su máxima longitud
jamás atraviesa su invisible hechura.

Yo estoy hecha de la misma materia imperceptible;
no se ve, quizá un atisbo de brillo entre pliegue y arruga,
un color opaco, algo dorado...
que recorre con sigilo su filo.

Y más allá está el océano,
siempre plagado de estrellas surcando sus aguas oscuras.
Me mezo en las onduladas olas a pocos metros
de un gran astro, que explosiona sus ansias
salpicando la vida a su alrededor.

Soy el astro y el océano.
Probablemente una estrella vagando
en el firmamento a merced de la aurora.
Una piel sin forma, unos huesos transformados en polvo.
La sal, el brillo. Lo oculto.

Unos párpados cerrados al mundo,
sumergidos en el etéreo espacio que todo lo abarca.
De un lado está el allí, con el resto de la existencia
y del otro yo, camuflada entre todo lo demás.



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