CRÓNICAS DE UNA ESCRITORA: UNA HABITACIÓN PROPIA

11 febrero 2016

No, no voy a hablar del genial ensayo escrito por Virginia Woolf ni tampoco voy a hacer una proclama feminista sobre la invisibilidad de muchas mujeres en el mundo literario (aunque bien pudiera). Mi pensamiento de hoy va dirigido exclusivamente a la necesidad que tenemos muchos escritores de tener nuestro propio espacio de creación. Un lugar silencioso donde dar rienda suelta a nuestra imaginación; una habitación, un bunker donde olvidarnos del mundo y de las personas, y, lo más importante, donde las personas se olviden de nosotros. Una gran mayoría de aquellos que no ocupan sus horas en crear historias desconocen que el escritor necesita silencio y concentración; dos cosas harto sencillas y a la vez harto difíciles de encontrar. Es común observar como estos sujetos, los no dedicados al oficio, tienden a revolotear a tu alrededor con cualquier excusa mientras tú estás estrujándote los sesos tratando de encontrar la palabra más adecuada para describir una determinada sensación. Suele ocurrir a veces que de tanto pensar, los nervios estallan y también tus modales. Así que les sueltas un grito tipo: "¿Quieres irte ya de una puñetera vez!" Y entonces te miran como si el mismísimo diablo se les hubiera aparecido. Pero es inútil, poco tiempo después suelen volver para preguntar, quizá, dónde está tal o cual cosa. O para saber si mañana lloverá o no por casualidad. WTF?!! No, los que no han escrito nunca ni un mínimo verso no entienden la necesidad de la absoluta soledad y del ruido ensordecedor de la nada. No entienden que cuando una puerta se cierra es porque el que hay al otro lado busca intimidad. El oficio de escritor es aún un oficio poco comprendido y respetado; y por más que tratamos de explicar sus entresijos poca gente hay que lo entienda. Es por eso que al final acabamos acomodando nuestros cerebros al sonido lejano de la marabunta, o a la Playlist de Bandas Sonoras de Películas en el Spotify. Nos acostumbramos a saltar de la ficción a la realidad y viceversa en cuestión de segundos. A escribir a horas intempestivas y en lugares poco convencionales, o en su defecto, en bares y bibliotecas. Y lo hacemos por pura supervivencia; porque si no, no habría manera de escribir una sola palabra. 

Posdata: Algún día tendré mi propio "bunker". ¿Cuándo?, ni idea; pero algún día. ☺


3 comentarios:

  1. Ufff yo no soy escritora, Carol, pero aún así ni te imaginas cuánto me he identificado contigo. ;)

    Un abrazote!

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    1. Lo que cuento puede extrapolarse a otras áreas de la vida ☺
      Abrazo grande, Ló.

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  2. Saludos Carol…

    Hay una palabra que define el espíritu de todo escritor. Aislamiento.

    Me gustaría dejarte un corte de vídeo…

    Es de la película “Factótum”
    de Charles Bukowski [ Play ]


    Rodrigo

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